La empresa actual se ve cada vez más obligada a enfrentarse a nuevos y retos fuera de lo común. Entre ellos, se encuentra la organización de eventos pero no solo para exponer productos o captar clientes, sino también con el fin de obtener la motivación de los propios empleados en forma de premios y actividades de Team Building. Lejos queda la imagen de antaño de oficinas grises y jefes agresivos. Ahora lo que prima es el compromiso e identificación del empleado con su compañía, pues se ha caído en la cuenta de que su dedicación depende de su nivel de implicación. La empresa actual no sólo busca el engagement con sus clientes sino también con sus empleados, con su plantilla. Todos deben remar en la misma dirección.

Ahora bien, todas estas actividades de creación de equipo requieren por igual una inversión tanto de tiempo como de dinero. Para saber qué cantidad destinar, lo primero que hay que hacer es realizar un estudio previo de la propia firma para ajustar los presupuestos al máximo sin dejar de lado la calidad del evento en sí. Si la compañía cuenta con una experiencia de cinco o diez años, deberá emplear un 10 % del presupuesto general para gastos. Por el contrario, si la empresa es emergente, deberá invertir en reuniones y eventos un porcentaje mayor pues ha de realizar acciones que fomenten la presencia de marca, el branding y ha de posicionarse en el mercado y el sector dándose a conocer de forma rápida.

Además, por muy limitado que sea el presupuesto, siempre se ha de reservar algo para al menos un cóctel. En este sentido, una de las celebraciones que no se pueden dejar de lado por muy mal que se pongan las cosas es la comida o cena de Navidad. Esta es esencial para mantener y fomentar el espíritu de equipo. Tampoco es necesario un gran evento lleno de múltiples atracciones. A veces tan solo es suficiente una pequeña reunión íntima con todos los trabajadores descansados y relajados, dispuestos a hacer bromas y entablar conversación.

Sea el que sea la actividad o evento de empresa que se plantee hacer, es primordial tener muy claro de antemano qué se desea obtener. Este es el primer paso para que dicha acción produzca el efecto deseado. En las actividades orientadas al cliente, es importante establecer con precisión cual es nuestro target, nuestro mercado o público objetivo: si deseamos captar nuevos clientes o si deseamos fidelizarlos o fomentar su confianza y compromiso con la compañía. En las actividades orientadas al team building, al engagement con la plantilla, es importante conocer perfectamente las características y gustos de cada miembro, a fin de diseñar actividades en las que nadie que se vea descolgado o fuera de lugar, si es preciso confeccionando grupos con características similares en función de la actividad a realizar. Finalmente, otra premisa básica que se ha de seguir antes de realizar un evento, sea del tipo que sea, es intentar ser fiel al propio estilo y lema de la compañía, calcular cuántas personas acudirán y hacerlo todo con el suficiente tiempo de antelación.

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